Sexo con maría Juana
Ni es el título de una película, ni es la aventura con la deseada vecina. Hablamos de incorporar la marihuana al juego de cama.
Esta hierba de las Indias, al igual que el alcohol, tiene efectos depresores del sistema nervioso, es decir, que potencia la desinhibición social. Por eso muchas personas la utilizan para vencer la ansiedad y tabúes asociados a encuentros sexuales.
Con ella se experimenta relajación física y mental, lo que intensifica las sensaciones corporales placenteras. Como altera la noción del tiempo, se tiene la impresión subjetiva de que la relación sexual o el orgasmo son más duraderos.
Estas razones para integrarla en el sexo, puedan quedar relegadas a un segundo plano si consideramos sus efectos en la respuesta sexual. Hay que tener en cuenta que su uso disminuye por un lado los niveles de testosterona (descendiendo el apetito sexual) y por otro la lubricación vaginal (haciendo el coito más doloroso).
Además hay que seguir anotando en la factura los siguientes costes:
-Chicos: reduce la producción de esperma (cantidad y movilidad), y aumenta la probabilidad de espermatozoides anómalos.
-Chicas: puede alterar el ciclo menstrual e interferir en la ovulación.
-¡Peligro en el embarazo!: S. O. S. para el feto, alarma de aborto espontáneo.
De todas formas con “maría” la polémica sobre sus huellas en el rendimiento sexual está servida. Hay informes de consumidores habituales que afirman haber experimentado más sensibilidad táctil y afinidad emocional con sus parejas, sin notar incrementos en el deseo ni en la intensidad de los orgasmos.
No obstante, dada la influencia de las expectativas, es difícil saber qué parte de esa amplificación de los sentidos se debe a la sustancia en sí y qué parte a la sugestión. Si valoramos las consecuencias de su consumo continuado a largo plazo, lo cierto es que la disminución del deseo y el interés por el sexo es altamente probable.



