7 causas de apatía sexual
El tedio también puede colarse por las ranuras de la intimidad de pareja. Cuando uno repite la misma conducta, en la misma secuencia, diariamente, acaba generando un hábito. Esto nos sucede al lavarnos los dientes, al comprar el periódico, al ir a trabajar, etc., costumbres que nos otorgan seguridad y estabilidad. En el área sexual la reiteración mecánica puede convertirse en un problema, y entonces pasamos a hablar de apatía sexual.
Hoy vamos a presentaros algunas de las razones por las que se llega a la abulia sexual, y sus posibles soluciones:
1. La falta de tiempo.
No es un tópico escuchar que los horarios de los trabajos dificultan la conciliación de la vida laboral con la personal. Tampoco lo es, el hecho de que cuando llegan los hijos, la parcela de privacidad de la pareja queda relegada a un segundo o tercer puesto.
Pero lo cierto es, que si no podemos olvidarnos de comer y de asearnos, tengamos las prisas que tengamos, ¿por qué castigar las necesidades de contacto y afecto sexual al último lugar de la fila en nuestra jerarquía personal?.
Reclama tu propio espacio de intimidad y cierra la puerta de tu dormitorio. Ayúdate de tus familiares y amigos para organizarte, y si es preciso vuelve a “citarte” con tu pareja, como cuando empezabais a conoceros.
2. El déficit de asertividad.
Si sientes miedo o inhabilidad para expresar tus gustos y preferencias sexuales, puedes verte atrapado en encuentros amatorios que te provoquen una continua insatisfacción, y en los que tu compañero (con método de ensayo y error) se adentre en una dinámica de acertijos para satisfacerte, ¡sin acertar!. El paso siguiente es posponer o evitar las relaciones sexuales, porque has llegado a tal punto, que sólo anticiparlas te causa desidia.
Renuncia a continuar privándote de expresar tus necesidades. Tu pareja no es adivino, está esperando a que elaboréis juntos el mapa de tus zonas erógenas a explorar. Puedes escribirle una carta, o sacar el tema a partir de una lectura en común, pero no tienes por qué seguir aguardando pasivamente a que descubra lo que te gusta.
3. La rutina y repetición automática del contacto sexual.
Nos estamos refiriendo a minimizar de tal manera los juegos precoitales y la seducción, que el camino hacia la penetración se convierta en el atajo rápido, por el que se viaja de forma estándar, en las mismas posturas y a los mismos ritmos. Con sólo prever la monotonía del trayecto sexual, surge la desmotivación e inhibición del deseo sexual.
Todas las zonas de tu cuerpo son susceptibles de excitación sexual. El sexo ni empieza ni finaliza en los genitales. No sólo puedes besar en los labios o acariciar con las manos, amplia el campo: pechos, muslos, cabello, pies, ombligo, etc. Alterna un masaje erótico, con un strip-tease, con la estimulación conjunta o con juguetes sexuales.
La clave es variar el repertorio, y hacer uso de todos los sentidos.
4. Las falsas excusas e ideas estereotipadas:
“Cuando dos personas llevan muchos años juntas, el sexo termina desapareciendo, la pasión es sólo para los primeros años”
“Cuando uno tiene más de 50 años, es normal que ya no tenga apenas relaciones sexuales, eso es para los jóvenes”.
Estos y otros argumentos se utilizan para justificar la inexistencia de acercamientos sexuales, de tal forma que la edad o el transcurrir de los años, se transforman en sinónimos de inapetencia sexual.
No dejan de ser estereotipos distorsionados, que venden una actitud asexuada por resignación. La sexualidad se transforma, amplía, complementa o enriquece, pero no se extingue con la madurez. Es algo inherente al ser humano, que lo acompaña desde que nace hasta que muere. La edad también otorga sus ventajas a la relación: más espontaneidad al despreocuparse de embarazos no deseados, más intimidad sin hijos por la casa, más estabilidad laboral y menor estrés asociado, etc.
Ahora bien, a menor práctica, menor libido; pues lo que abandonas por más tiempo, requiere de más esfuerzo por tu parte al retomarlo.
5. Anular el elemento sorpresa.
Respetando las preferencias individuales sobre planificación o improvisación en materia de seducción, lo saludable es hallar un punto intermedio. Hay quienes disfrutan de organizar y planear con todo lujo de detalles una romántica noche de hotel. Pero lo que suele añadir encanto es que, para al menos uno de los dos miembros de la pareja, se de el ingrediente sorpresa.
Cuando el sexo se lleva a cabo siempre en el mismo sitio, a la misma hora, del mismo día de la semana, acaba por vivirse como una cita obligatoria, altamente predecible.
Si no hay nada que vaya a sorprender, nuevo, distinto, que suponga un incentivo, se cae en habituación y desgana.
Con esa finalidad, puedes introducir simples cambios como el momento del encuentro, ¿por qué convertir el “sábado, sabadete noche”en el día elegido por antonomasia?. Hay más horas en el día y más días de la semana, aunque para ello hace falta estar dispuestos a modificar algunas de las otras rutinas. ¡Prueba, sé espontáneo!
6. La espera pasiva del deseo.
Aguardar con pasividad a que la pasión venga algún día, como si se tratase del autobús, puede llegar a ser muy frustrante. Es irracional estar a expensas de que sea el otro, el que de manera creativa, de repente, nos avive una sensación nueva y estimulante. Detrás subyace la imagen del deseo, como algo que “igual que se va, viene”, colocándote en la inactividad, como si no tuvieras control sobre la situación.
Reflexiona: el apetito sexual también se construye, se trabaja y se retroalimenta de pensamientos positivos. El deseo no lo genera tu pareja, sino lo que tú te dices a ti mismo o piensas cuando ves y sientes a tu pareja.
Es nuestra responsabilidad ser proactivos en la sexualidad, atribuirnos un papel protagonista en nuestro placer.
7. El descuido y abandono físico.
Con el tiempo la fase de la conquista y el cortejo se percibe cada vez más lejana. La estabilidad en la pareja refuerza el sentimiento de seguridad. El peligro es que esta sensación de confianza mude a la llana cotidianeidad de calcetines negros y rulos en la cama los 365 días del año.
Estar cómodos no significa descuidarse físicamente. A pesar de que los amantes se tengan muy vistos, conviene mantener cierto atractivo, tanto en la vestimenta como en la higiene.
Seas hombre o mujer presta atención a tu ropa interior, a tu cabello, a tu piel, a tu olor y a tu aliento, porque si no el dicho de “donde hay confianza da asco” puede hacerse realidad en tu alcoba.
No tienes por qué aprender a convivir con la apatía sexual, sino combatirla.


