¿Es o no difícil ser una madre soltera?

En este cambiante mundo nuestro son cada vez más las mujeres solteras que deciden tener hijos, pues se sienten capacitadas, síquica y materialmente, para garantizar su crianza y educación.

Pero muchas son las que, posteriormente, se dan cuenta del gran compromiso que han asumido, pues no resulta nada fácil ser padre y madre a la vez, aun cuando una cuente con la ayuda de familiares o amigos.

Según la sociedad de que se trate, la madre soltera recibirá mayor o menor reconocimiento y comprensión. Estudios realizados en países latinoamericanos evidencian que una gran parte de las madres solteras son mujeres que fueron objeto de abuso sexual durante su infancia, o cuya situación económica no es ni siquiera satisfactoria para ellas mismas individualmente. En cambio, en naciones como Islandia las madres solteras están muy bien vistas, porque se las relaciona con las mujeres fuertes de las sagas vikingas.

En Cuba, gracias a la labor de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y a las propias concepciones puestas en práctica sobre el sexo femenino a partir del triunfo revolucionario, ser madre soltera no es un estigma ni mucho menos. Sus hijos disfrutan de las mismas oportunidades y beneficios que la sociedad socialista brinda a todos por igual, ya sean el resultado de matrimonios legalizados o no. Además, los programas de empleo que auspicia la mencionada organización, junto a otras, prioriza a este tipo de mamá.

Sin embargo, ello no significa que esas progenitoras tengan resueltos todos
sus problemas, porque en ocasiones tropiezan con la incomprensión de algunas administraciones que no comprenden que la que es padre y madre a la vez requiere con más urgencia de un tiempo mayor para atender a su hijo, ayudarlo, enseñarlo y formarlo.

En el desarrollo de su difícil responsabilidad, en ocasiones la madre soltera
comete el error de hablarle mal al hijo o hija acerca de su padre. Transmitirles
su amargura contra el hombre es algo imperdonable, porque eso los confunde y
los vuelve resentidos e inestables.

Tampoco es correcto convertir al hijo o hija en el único objetivo de la vida de la madre soltera, porque ella también es un individuo, con aspiraciones de satisfacción personal. Igualmente desacertado es tener un hijo por no quedarse sola. Toda persona es un ser independiente, dueño de hacer su vida.

Y un último consejo: nunca, bajo ningún concepto, la madre soltera debe reprochar al hijo o hija todo lo que ha hecho por él o por ella. La madre da la vida en forma totalmente voluntaria, y precisamente la esencia del amor materno es la entrega total, sin esperar nada a cambio.

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