El verdadero sexo completo
Cuando uno alcanza cierta edad, la perspectiva sobre determinadas cosas, inevitablemente, cambia. Y, probablemente, una de las perspectivas que más cambien sea la que tiene que ver con las relaciones sexuales.
Llegados a este punto vital, los achuchones y encontronazos casuales dejan de tener el mismo sabor, pasando a convertirse en experiencias vacÃas. Uno le pide algo más al sexo. Quiere el kit completo, que los besos y abrazos no sólo parezcan de verdad sino que, además, lo sean.
Uno busca más allá del mero placer fÃsico, el cual (que no está nada mal, ojo) ya no es suficiente. Como dirÃa una buena amiga mÃa “yo, para cinco minutos, ni me quito las bragasâ€?.
Es decir, la búsqueda del placer a través del sexo no satisface tus aspiraciones. En el fondo, te llena más un buen abrazo, de los sentidos de verdad, que cualquier tipo de postura amatoria, sea ésta horizontal, vertical o, incluso, diagonal.
Y aunque sabes que esta búsqueda de la realización completa, dure ésta lo que dure, venga acompañada del vértigo y los miedos, también viene de la mano de las emociones a flor de piel, las sonrisas estúpidas al pensar en ella (o él), las canciones que vuelven a tener dueño y no son sólo maravillosas mentiras de tres minutos de duración, las mariposas en el estómago y, en el fondo, todas esas cosas por las que merece la pena arriesgarse y sentirse vivo, sensaciones que no te quieres perder

